Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, cm. 60×120, óleo sobre lienzo
DE LLUVIA Y ALEGRÍA
SINOPSIS:
Este cuento ofrece una poderosa metáfora sobre la libertad, la diferencia y el coraje de ser uno mismo en un mundo que margina lo distinto. Claudio, equilibrista solitario y poético, se convierte en símbolo de dignidad, resiliencia y transformación. Su caminar sobre la cuerda floja representa el riesgo constante que implica vivir con autenticidad. La narrativa combina lirismo, imágenes oníricas y una crítica social profunda, apelando a la empatía del lector. Es un relato que conmueve y sacude, invitando a mirar hacia arriba y a cuestionar nuestras propias rigideces cotidianas.
DE LLUVIA Y ALEGRÍA
Me doy cuenta de que en este mundo poder encontrar el término medio es de equilibristas, suspendidos de un cable a cien metros del suelo. Caerse puede ser el peor temor para muchos, pero no para Claudio que se encuentra suspendido. No sale un grito de su boca, no vuelve atrás y hace caso omiso a los que se burlan de él mirando a los tejados. Claudio lleva un pantalón azul con rayas blancas un poco corto para su altura, una chaqueta de terciopelo roja y una camisa blanca. Cada noche cambia de color y le gusta colgar su ropa a la luz de la luna. La corbata larga recuerda un cielo estrellado que lo acompaña en sus escapadas nocturnas y el sombrero de mago esconde sus rizos blancos. Le gusta miccionar y no le da vergüenza lucir su pajarito durante una noche estrellada mientras grandes flores de colores giran alrededor de la luz que sale de debajo de la cuerda y viven de la lluvia y la alegría gracias al líquido caliente que sale de su perinola.
Recuerdo haber visto a Claudio hace unos años, de rodillas, en una esquina de esta ciudad, ridiculizado por ser diferente. Ahora se ha levantado y es ágil sobre ese cable suspendido y, dependiendo del viento, se lanza un poco más a la derecha o un poco más a la izquierda. Su cuerpo parece una sincronía de miembros que coquetean para encontrarse juntos al final de la cuerda. Todas las noches sube la escalera y llega al techo, dejando sus zapatos colgados. Tras cierta incertidumbre, inicia su paseo al estilo Mary Poppins, sin olvidar el paraguas para los pájaros libres, sus amigos, que lo acompañan en ese espacio suspendido. No esconde la ansiedad, pero en las primeras horas de la noche puede salir y sentirse libre. Durante la noche, los únicos colores que se iluminan son el rojo y el naranja de las flores, junto a un árbol que señala el otoño.
La historia de Claudio me hace llorar, porque para ver el mundo sin que se rían de él, tuvo que subir a los tejados. Perdón por todas las veces que no levanté los ojos al cielo y dije: baja, vamos, tomemos un café juntos.
Perdón por todas esas veces que no le devolví la sonrisa y vi su felicidad.
Perdón por creer que la dignidad es permanecer igual para no cambiar nada, cuando en cambio Claudio corría rápido por encima de nuestras cabezas y veía la estrechez de miras de los hombres que no lo escuchaban.
Quien tiene el coraje de permanecer suspendido y no caer muestra más dignidad que quien, con la cabeza gacha, no ve la belleza del cambio.
Lo observo y me avergüenzo de ser el mismo todos los días, mientras Claudio en la cuerda floja vuelve a fertilizar con su valiosa fuente de nutrientes el crecimiento de nuevas flores.

