SINOPSIS:
En “Las dos hojas deslizantes de la vida”, Leonora cruza una puerta de vidrio que marca el inicio de una separación inevitable y de un viaje hacia la autonomía. Convertida en una isla en movimiento, deja atrás su hogar para navegar entre lo desconocido, las conquistas personales y la soledad compartida con otros errantes. Mientras aprende a sostenerse sin ayuda, el tiempo y la distancia no logran borrar el vínculo silencioso con quien la observa desde el otro lado. La nostalgia, despertada por un aroma familiar, la impulsa a mirar atrás. En el reencuentro, ambas vidas descubren que, pese a la distancia, siempre han soñado desde el mismo cristal.
LAS DOS HOJAS DESLIZANTES DE LA VIDA
Leonora acaba de atravesar las dos hojas de vidrio que giran sobre el mismo eje y luego la devuelven al otro lado. Todavía siente sobre ella la mirada de quien la observa, pero no se puede volver atrás, saludar o lanzar un beso. Ahora hay que darse prisa, olvidar el tiempo compartido y volver a vivir en ese espacio estrecho y sombrío que llama hogar. Lleva consigo dos maletas que pesan más que ella, frágil y menuda como una niña de primaria. Ya hace un año que vive sola. Se ha desprendido del núcleo familiar y ahora es una isla que se mueve en un mar agitado, rodeada de escollos y rompeolas. Tiene el cabello largo y rebelde que, como densas cañas al viento, forma mechones que siguen direcciones distintas y ondulaciones propias. Sus ojos buscan la belleza, pero nunca se posan en lo que la rodea, siempre en fuga hacia lo desconocido. Viste cómoda y con colores llamativos incluso en invierno. No quiere ser como las demás, que visten todas igual y dicen ser únicas. Ella ha elegido no conformarse y, absorta en sus pensamientos, arrastra su equipaje hacia los torniquetes, que obstaculizan, pero no detienen su carrera. Se aleja de esos ojos, los míos, que la observan más allá de las paredes de este vidrio. Inmóvil, espero hasta que de ella solo distingo un punto. Se ha ido. Ya no la veo. Todo vuelve a ser igual. Ella está en vuelo y yo estoy en tierra firme, aceptando un equilibrio que ha cambiado con su partida.
Leonora es una isla que se mueve entre olas agitadas. Está lejos de su país y navega entre aguas desconocidas y costas inexploradas. Pronto llegará al centro del mar y, rodeada de otros islotes, descubrirá rostros nuevos que, como ella, flotan para no sentirse solos. Engañar al tiempo será fácil entre días llenos de descubrimientos y melancolías ahogadas por el cansancio. Momentos colmados de desafíos y conquistas la ilusionarán con poder lograrlo sin pedir ayuda, pero cuando una mañana un aroma de hogar llegue por una ventana abierta, Leonora cederá a la nostalgia.
En ese día gris, un rayo de sol logrará abrirse paso y el deseo de volver la vista atrás será tan fuerte que correrá hacia esos ojos ya cansados, pero siempre atentos, que la esperan. Comenzará a buscar entre la multitud esa mirada que silenciosamente la ha acompañado durante estos largos años. Perderá el aliento, pedirá información, esperará a que el silencio vuelva a caer para reconocer esa voz familiar. El diálogo se reanudará donde se había interrumpido, en aquel pequeño aeropuerto de provincia, y dos vidas se desplegarán a lo largo del viaje de sus vidas para descubrir que ambas han soñado desde detrás del mismo vidrio.

