Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, cm. 30×60, óleo sobre lienzo
EL GUITARRISTA CELESTIAL (MANUEL CON LOS ÁNGELES)
SINOPSIS:
Este cuento es una emotiva reflexión sobre la vida, la muerte y el poder sanador de la música. A través de Manuel, un personaje profundamente humano, se nos muestra cómo el arte puede convertirse en un puente entre el dolor y la esperanza, entre la pérdida y la compañía espiritual. La historia transmite una sensibilidad poética al presentar la música como un lenguaje universal capaz de conectar mundos, sanar heridas y mantener vivos los lazos con quienes ya no están. La metáfora del “guitarrista celestial” da un cierre conmovedor que resuena con cualquiera que haya amado y perdido. Una oda a la resiliencia, al duelo y a la belleza de crear para seguir viviendo.
EL GUITARRISTA CELESTIAL (MANUEL CON LOS ÁNGELES)
¿Te has preguntado por qué mueres si no te mata alguien o algo? Manuel se hace a menudo esta pregunta y parece haber encontrado la respuesta. Mueres cuando estás solo, cuando ya no te queda nada que hacer en este planeta y tienes que trasladarte a otro para seguir viviendo. Lo ve cada vez que pone sus manos sobre su guitarra.
Esta es la historia de Manuel al que le encanta tocar y no porque sea un don desde que nació, sino porque las cuerdas de su guitarra le dan vida y le devuelven la vida. Se levanta por la mañana con una nota en la cabeza que, cuando la devuelve a sus dedos, le regala canciones para escuchar con amigos y familiares lejanos.
Hoy, sin embargo, Manuel está enojado y no porque haya perdido su nota, sino porque no entiende quién resiste mejor cuando uno muere. Es razonable pensar que los que se van están en peor situación, ya no disfrutarán de la belleza de la creación, pero ¿están realmente mejor los que se quedan? Manuel es guapo, fuerte y tiene el pelo revuelto y lleno de rizos. En cada uno de ellos esconde una petición de ayuda, sobre todo después de perder a muchos seres queridos. Cuando fallece alguien a quien querías mucho, no deseas vivir mucho más, es como si la soledad poco a poco invadiera tu cuerpo y tu mente y no salieran más palabras de tu boca. Perder a alguien es como renunciar a miradas alegres, palabras divertidas y dulces caricias, justo cuando ni lo deseas ni lo quieres.
Su amigo Max, antes de marcharse, le enseñó un método infalible para no sentirse solo y parece que está funcionando. Manuel cierra los ojos y afronta sus pérdidas con la música. Sube al séptimo piso e intenta romper con notas la barrera invisible que se levanta entre la vida y la muerte. Es como si retomara una conversación interrumpida en el mejor momento. Con las primeras luces de la noche, cuando el faro de su pedestal se enciende debajo de él, se ilumina el cielo con un color cerúleo. Manuel sube a lo más alto de ese edificio donde ha vivido durante tantos años y entre antenas y tejados encuentra la posición correcta, coloca la guitarra sobre su pierna derecha y comienza su allegro moderato que devuelve a la tierra a todos los seres perdidos. Nadie aparece con la misma forma de antes, sino que se transforma en un ángel que desciende, como sujeto por hilos invisibles. El ángel de la trompeta le da un anuncio importante, el ángel del arpa le otorga tranquilidad y alegría, el ángel de la flauta le transmite vida y finalmente hay quienes llegan con palabras cantadas para asegurarle compañía.
La música es conocida por ser un lenguaje no verbal, que expresa y provoca alegría, tristeza, enojo y miedo: todas las emociones que Manuel ha sentido por dentro desde que era un niño en un mundo de adultos. Mamá había estudiado música en la Scala de Milán; papá solo lo acompañaba dos veces al año porque, mientras viajaba por el mundo con su violín, su hermano mayor, un brillante compositor, era respetado por mucha gente.
—¿Y qué le quedaba por hacer? Esperar a hacerse mayor— dirás. Pero uno no se hace mayor añadiendo centímetros y peso, sino acortando las distancias entre las personas. Y si no lo crees, pregunta por ahí arriba si conocen al guitarrista celestial. Estoy convencida de que nadie se habrá perdido ni uno solo de sus conciertos, porque ningún camino es más seguro que el que tejen las notas de Manuel: dobles sostenidos y bemoles que nos recuerdan a todos que estamos de paso. Cuando llegamos, tenemos música en la cabeza que nos han transmitido, pero cuando nos vamos ya llevamos nuestra propia música. Lo que importa es poder escuchar y comprender a todos.
—Hasta mañana, mi querido músico celestial.
—Hasta mañana, Max.

