UN SUEÑO

UN SUEÑO

SINOPSIS:

Este cuento aborda con sensibilidad y profundidad el tema de los sueños y la lucha por alcanzarlos. A través del diálogo entre los personajes, especialmente entre Davide y su padre, se refleja un contraste entre la visión pragmática de la vida y la importancia de mantener viva la ilusión, incluso cuando las circunstancias parecen difíciles. La figura de Davide, como un soñador persistente, resalta la idea de que los sueños no solo son metas, sino motores que dan significado a la existencia. A lo largo del relato, la reflexión sobre el fracaso, la esperanza y la importancia de no rendirse se mezcla con una atmósfera melancólica que invita a pensar sobre el valor de los sueños personales frente a la realidad. La narración, que se mantiene poética y emotiva, transmite un mensaje esperanzador: nunca dejar que nuestros sueños se marchiten.

UN SUEÑO

Clara husmeaba a los niños que jugaban por la calle, detrás de una entreabierta tela en la terraza de la casa de la playa. El atardecer bochornoso del verano la invitaba a saborear el descanso merecido después de un largo curso escolar, pero una discusión entre su tío Giuseppe, que acababa de llegar de Milán, y su primo Davide llamó su atención.

–Los sueños dentro del cajón se los comen los gusanos –mascullaba el hermano de su madre.

–No, no estoy de acuerdo contigo –se quejaba su descendencia.

–Desde que nacimos hasta que dejamos este soleado y luminoso mundo lo que nos despierta es un sueño, una ilusión que nos acompaña durante largas noches, que, lamentablemente, el amanecer borra con la misma crueldad que hace una goma con una letra, le quita el color y el valor que tiene. Un sueño, papá, da significado a mi lucha diaria. Un sueño es como una mecha: se enciende solo con la cerilla de la imaginación y creatividad. Y yo las tengo. Además, mucha. Yo vivo por mi sueño: ser periodista, contar historias y dejarme llevar por las creencias de los demás.

–Pero ya sabes –lo interrumpió su padre -que los demás siempre hacen la diferencia, saben mejor, han aprendido más y tienen más derecho que tú a estar sentados detrás de una mesa.

–Yo papá quiero mirar a los políticos, escritores, literatos y científicos muy lejos de esas mesas y hacerles unas preguntas y no dejar que ellos las hagan a mí porque yo no tengo las respuestas a todas esas y ellos sí, pero yo sí que tengo mi sueño y ellos no. Cuando era pequeño soñaba con ser un nadador y dejar que mi cuerpo ágil y rápido alcanzara los bordes de la piscina en menor tiempo posible. A los 12 años, ¿te acuerdas qué hacía, papá?. Dejaba en casa el aburrimiento del colegio y montaba en bicicleta a por el centro deportivo situado en el extrarradio de nuestra ciudad. La carrera para encontrar el agua cristalina y quieta de la piscina era el sueño más impaciente que me esperaba cada tarde. A los 16 años tuve que dejar ahogar mi deseo durante la selección de nadadores para ganar la competición nacional. Ese maldito miedo, que tuve delante del jurado de carrera, me paralizó.

Cuando tuve que interrumpir con los entrenamientos me puse muy triste. En seguida vi como mi sueño se desmoronara y mi cuerpo cayó al suelo, descarnado y seco. Lloré durante días y noches porque no tenía la fuerza que necesitaba para levantarme. Afortunadamente, en una noche de viento, llegó Marta que con sus sueños me ayudó y se quedó conmigo. Ahora no creo que viviría sin ella.

Mírame, papá, soy alto, guapo y muy inteligente. Tengo los ojos azules de mamá y tus labios carnosos y generosos. Llevo tres meses viviendo en el centro de Roma y cada mañana miro fuera de la ventana de mi nueva casa los arboles de olivos, que el viento dulcemente acaricia. Troncos resistentes que con sus copas constituidas por ramitas filiformes verdes me regalan frescura. Hojas que se doblan y se dejan llevar por las manos invisibles de un sueño: llegar hasta el cielo. El viento cuida de ellos como hacía la abuela cuando me excoriaba las rodillas. También la abuela tenía un sueño. Le encantaba subir a los trenes que se trasladaban rápidamente sobre sus andenes. La ayudé a desplazarse sobre uno de “esos monstruos de los campos”, como solía llamarlos, tres días antes de fallecer. Finalmente cumplió con su sueño.

Clara, callada y pensativa, aún escucha a su tío que con más énfasis y convicción intenta disuadir a su hijo. 

–Aunque todos poseemos los mismos rasgos humanos, la misma curiosidad, esperanzas, sueños y el mismo Dios, deja que sea el cerebro el que guíe tus deseos. Si crees que tú a solas puedes comprender por qué razones tu vida necesita de un sueño para ser tan brillante, pon tu mente bajo un microscopio y verás como estás equivocado en pensar que ese órgano lo sabe todo. ¿Comprendes lo que quiero decirte, Davide?.

–Es ahí donde te engañas, papá. Un sueño tiene en cuenta el hombre en su totalidad en un tiempo y en un espacio que comprende cuales son sus finalidades. De la molécula más pequeña a la galaxia más extensa todo ha de tener una respuesta infinita y aunque no tengo un talento especial para encontrarla, siempre sueño con algo. Eso es lo más importante. Cualquiera podría hacerlo. Y sigo haciéndome preguntas que tienen la misma respuesta:

¿Por qué soñamos?

¿Por qué no nos rendimos?

¿Por qué queremos que no nos quiten los deseos?

¿Por qué al hacernos mayores nuestra voz quita el sueño a la razón para que se cumplan esos sueños aún en un cajón?

Porque para vivir hay que soñar.

Clara admira a su tío, pero asume que Davide es un luchador que el tiempo y la vida le dará la razón aunque su padre siga pensando que la vida hay que vivirla para ganarla y no para soñarla.

¡Cuántas preguntas! …Clara deja que los dos sigan discutiendo, pero por mucho que admire a su tío, cree que Davide es un luchador y que el tiempo y la vida le darán la razón, la vida hay que soñarla y no vivirla para luchar. Cada uno tiene su sueño y cuando llega el momento de apagar las velas, hay que acordarse de Davide o de su padre para que un sueño no se quede en un cajón.


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