Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, cm 40×60, óleo sobre lienzo
CON QUÉ SUEÑAN LOS NIÑOS
SINOPSIS:
Este cuento nos habla de los viajes que emprendemos en la vida, muchas veces inciertos y solitarios, pero que se transforman cuando encontramos a alguien con quien compartir el camino. A través de la colaboración entre Carmelisa y Massimo, palabras e imágenes se unen para dar vida a un proyecto lleno de sensibilidad y creatividad. La historia resalta el poder del arte para transformar emociones, y cómo soñar en compañía puede abrir nuevas perspectivas. Es un homenaje a la amistad, a la imaginación y a la fuerza de los sueños compartidos. Un relato que inspira y reconforta.
CON QUÉ SUEÑAN LOS NIÑOS
Hoy Gino se ha levantado temprano para ir a la escuela y, como cada mañana, después de terminar de desayunar, ha salido. Después de recorrer unos doscientos metros a pie, ya se encuentra al borde de una carretera solitaria y silenciosa por la que circulan pocos vehículos. Espera el autobús escolar con un gorro y un jersey de lana a rayas que le regaló su abuela el año pasado antes de que perdiera completamente la vista.
Nadie lo acompaña porque su familia ya lleva unas horas trabajando. Su madre siempre le deja una nota en la mesa que dice: cierra el grifo del lavabo cuando te vayas. Pero nunca un te amo o volveré pronto, porque ser panadero significa despertarse en la oscuridad y después volver muy tarde.
Papá se queda fuera durante días y Gino sólo se da cuenta de su regreso cuando por la mañana encuentra algunas colillas cerca del alféizar de la ventana del baño. Es hijo único porque, como dice su abuelo, la vida ya es bastante difícil para uno, ¡imagina pues para dos bajo el mismo techo! Esta mañana también hace frío y quedarse ahí esperando, con la fiel Gin y el curioso Fil a tu lado, es de valientes. Le gustaría volver a casa y meterse entre las sábanas, pero el autobús pasará pronto. No puede. Y mientras piensa en cómo explicarle su plan al profesor de historia, una música extraña pero alegre lo sorprende. No es un minibús lleno de niños que llegan, sino adultos que miran por las ventanillas de un autobús verde con la inscripción “squolabus”.
—Gran error – diría su maestra, que los acusaría a todos de idiotas.
Sus caras son graciosas y divertidas. No bostezan ni se distraen ni siquiera duermen, al contrario visten ropa con flores y colores llamativos. Los billetes se lanzan al aire y se deslizan sobre el techo del autobús, formando nuevas figuras geométricas. No falta nadie en la lista: un escupe-fuego, un astrónomo, una bailarina, una adivina, un astronauta, un encantador de serpientes, un trompetista y un luchador.
A Gino le gustaría conocerlos y por eso levanta su pulgar derecho para subir. No quiere desobedecer a su madre, sino sólo averiguar lo que se esconde dentro de ese vehículo. De todos querrá saber algo. Le pedirá al escupe-fuego que le enseñe a quemar armas para hacer el mundo más tranquilo; al astrónomo que le haga ver el planeta Tierra sin miedo; al bailarín que le haga sentirse ágil como una mariposa; al adivino que busque la fórmula para querer un poco más a todos; al astronauta que le muestre el espacio de cerca; al encantador de serpientes que le enseñe a encantar a los profesores cuando saca malas notas en el colegio; al trompetista que toque notas alegres para para poner a todos de acuerdo; y, finalmente, al luchador que eleve todos los sueños de los niños y los esparza para hacerlos arraigar, como hace el viento con las semillas, en tierras infértiles y en campos áridos.
Los niños sueñan en grande y con más valentía que los adultos; saben recuperar un objeto destruido y convertirlo en un juego; les encanta pintar las paredes de las ciudades con los colores del arcoíris y aprenden a hacer fuertes y saludables sus cuerpos desnutridos. Los niños todavía logran transformar los sueños en realidad y, tras recibir una reprimenda de los adultos, corren a apagar el motivo de la estupidez hasta quedarse sin aliento. La única regla que se debe respetar en el “squolabus”es no mirar atrás durante el viaje.
Gino, por tanto, dejará una nota escrita en el banco, por si sus padres vienen a buscarlo:
—No os preocupéis, papá y mamá, estoy en el “squolabus” y ahí me quedaré hasta que sea mayor. ¡Nos veremos pronto!

