Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, cm. 30×60, óleo sobre lienzo
DE DESPEDIDAS Y DOBLE DIESIS
Sinopsis:
Este cuento nos sumerge en un universo cotidiano pero encantado, donde el amor transforma a los personajes y los impulsa a cambiar. Enrico, atrapado en una rutina rígida, se descubre capaz de sentir y crear belleza gracias a Lea, su musa vecina. A través de balcones, miradas y música, se va tejiendo una red de relaciones humanas intensas, que oscilan entre la ternura, la pasión y la incertidumbre. La narración combina realismo y fantasía con un tono poético, mientras personajes como Carlotta y Arturo enriquecen la historia con sus propios deseos y destinos. Al final, todo parece regido por una fuerza invisible que, como la música, armoniza y desordena a la vez.
DE DESPEDIDAS Y DOBLE DIESIS
—¿Se puede cambiar por amor? —se pregunta Enrico, mientras corteja a la bella Lea, que lo mira con admiración desde el balcón de enfrente. Enrico es un hombre que creció entre reglas y etiquetas rígidas y no sabe nada más que trabajar. Sin embargo, desde hace algún tiempo algo ha cambiado en él. Todas las tardes se asoma a su balcón para comunicarse con su amada Lea a través de miradas y música. Lea ha aprendido a amarlo con la dulzura y la elegancia que a ella le faltan, pero que él sí posee. La bella Lea tiene grandes senos y cabello largo y Enrico está encantado con ella. Como un reloj suizo a las cinco, abre las ventanas a su amor espartano y, cantando dulces notas, se deja transportar en bicicleta hacia el cielo. Lea lo imagina como un héroe vestido de azul, con corbata larga y camisa blanca, que desafió sus dificultades académicas para conquistarla. Y es precisamente allí donde comienza su juego del amor, como lo harían ahora dos jugadores de escarabeo con los dados, antes de pasar a la primera casilla. La diversión comienza y ya nadie podrá interponerse en el camino de los dos enamorados.
Todo empezó hace unos meses cuando, detrás de una cortina, Lea lo observaba escribiendo en un papel con signos y puntos desconocidos para ella. Es un mago, pensó la ingenua Lea, viendo aparecer palabras negras en el papel blanco sin siquiera quitarle las manos de encima. Sólo conoce el sonido del agua corriendo por el fregadero mientras lava los platos o el susurro del viento cuando cuelga la ropa de sus hermanos menores al sol. Descubrió que la música también existe, una secuencia de notas que al cantarse cuentan historias hechas de despedidas y dobles sostenidos que en conjunto limpian la mente de amarguras y llenan el corazón de certezas.
La dulce música también arrastra al balcón al musculoso Arturo quien, con un largo bigote y pesas en las manos, recuerda al barrio que un “mens sana in corpore sano” lo convierte en un hombre mejor. Sus ojos no están dirigidos a la provocativa Lea, sino a la severa Matilde que con su larga melena castaña llama a todos al orden y al silencio.
La única que interrumpe la dulce música es la impetuosa Carlotta que desde su segundo piso anticipa la llegada de una tormenta con palabras oscuras:
—Pronto, señoras y señores, este cielo azul dará paso a la oscuridad. Al caer la noche, las historias de amor se calmarán y la música se apagará, como lo hace la canción de cuna de una madre cuando su pequeño está a punto de quedarse dormido. Arturo, Matilde, Lea y Enrico serán protagonistas de pasiones, tormentos y rivalidades que sólo el tiempo les revelará pacientemente.
Independientemente de las palabras de Carlotta, el fuerte Arturo imita a Enrico para conquistar a su Matilde, quien tampoco es consciente de las consecuencias del amor. Y cuando las ventanas se cierren, como un chamán siberiano, Carlotta ya habrá visto, como mediadora entre el mundo humano y el mundo sobrenatural, los puertos felices o las playas desoladas donde pronto llegarán los enamorados de su palacio.

