PENÉLOPE Y SUS ZAPATOS
SINOPSIS:
El cuento Penélope y sus zapatos explora la desconexión emocional y la búsqueda de identidad a través de la vida de una adolescente introspectiva. Penélope se siente ajena a la rutina escolar y a las expectativas que la rodean, encontrando consuelo en su pasión por la natación. A lo largo del relato, se mezcla su frustración con el mundo académico y su anhelo de evasión en la piscina, un espacio que simboliza su libertad y refugio. La autora logra capturar la sensación de alienación adolescente, presentando una protagonista que, a pesar de estar rodeada de compañeros y responsabilidades, se siente sola y desconectada. La metáfora de los zapatos colgados al final cierra el relato con una sensación de pertenencia no encontrada, y la carrera constante de la vida, llena de obstáculos, resalta la incertidumbre de la juventud.
PENÉLOPE Y SUS ZAPATOS
Dejé de correr y te esperé.
La despreocupada y veloz Penélope empezó el día con su diccionario de griego en la mano. Tenía un examen y, por enésima vez, estaba segura de que sacaría un cuatro. Lo presentía, y semanas más tarde lo confirmaba con la corrección de la profesora, quien llegaba al aula con gesto de enfado y decepción. Acusaba a sus «maravillosos» alumnos de incompetentes mientras pensaba, en realidad, en qué preparar para la cena. El griego nunca sería su pasión.
Penélope soñaba con viajar en cómodos sillones blancos que le recordaban a las bolas de algodón que la profesora Lina llevaba al aula para los experimentos científicos. Era hermoso ver cómo, pocos días después de plantar unas semillas, las lentejas brotaban desde aquellas marañas blancas, llenando los alféizares de las ventanas. Le gustaba imaginar que los adultos, a pesar de su aparente dureza, volvían a ser niños y se dejaban llevar por el juego.
En el amplio pasillo, antes de entrar al aula, un enjambre de alumnos se abalanzaba sobre ella. Intentaba esquivarlos, pero Augusto, como siempre, la llamaba «la solitaria», porque nunca la veían con nadie. Al llegar a clase, se sentaba cerca del radiador y empezaba a rebuscar entre sus libros para fingir atención. A pocos metros, Sonia y Verónica reían, ajenas a su silenciosa súplica por ser vista, una súplica que se desvanecía con la llegada visible de la profesora. La puerta se cerraba, la silla rechinaba contra el suelo, y el silencio se apoderaba del aula.
—Bueno, chicos, ¿han estudiado bien? Este será su último examen antes de los finales, y solo espero buenas notas —dijo la profesora, recogiéndose el pelo con una goma elástica verde mientras pensaba en maneras de despertar a sus alumnos, cada vez más aburridos y somnolientos.
—La séptima carta de Platón les permitirá reconstruir las fases de la problemática relación del filósofo con la política.
Un tema importante —añadió sin detenerse—, porque dentro de una semana hay elecciones, y su participación masiva marcará la diferencia en los años venideros. Serán la nueva historia.
Pero ya no hablaba para Penélope. Su mente había llegado a otro sitio: al agua fresca de la enorme piscina que la esperaba cada día, otorgándole paz. Allí, el miedo se desvanecía.
Desde los cinco años, Penélope había nadado de un extremo al otro de la piscina, una y otra vez, hasta que el cansancio o el hambre la obligaban a salir. Le gustaba cerrar los ojos y dejarse llevar, como un explorador que desconoce las etapas de su viaje, pero confía en que, al regresar, encontrará respuestas. Esperaba una sorpresa pronto, y esa anticipación la consolaba.
La escuela, en los últimos cinco años, había llenado muchos de sus días y dejado otros tantos vacíos. Sin embargo, también le había permitido empezar a destacar entre la multitud.
Correr de una pared a otra pronto la cansaría, pero entendía que la vida es una carrera de obstáculos, que rara vez sigue una línea recta y que, a veces, conduce a caminos nuevos, incluso inexplorados, simplemente porque uno se deja llevar. Y ella se dejaba llevar.
Se subió al coche y, sin responder a la voz que le preguntaba “¿Qué tal hoy?”, retomó la carrera. Ya llevaba el bañador. La escuela era solo un mal recuerdo. Sus brazadas se sucedían, su corazón se aceleraba y sus pensamientos se desvanecían, ajenos a esa pausa necesaria que, tarde o temprano, la obligaría a mirar atrás.
Y sería en una de esas pausas cuando vería los míos, entre la larga hilera de zapatos colgados al otro lado de la piscina.
«Penelope y sus zapatos» es un cuento introspectivo que retrata el mundo interior de una adolescente que encuentra en la natación un refugio frente al vacío y la rutina escolar. A través de una prosa delicada y evocadora, el texto explora en contraste entre la apatía del entorno académico y la libertad simbólica del agua. La narración revela el deseo de escapar, de descubrirse y de hallar sentido en medio del desconcierto cotidiano.
Ines Redrenas

