Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, cm. 30×60, óleo sobre lienzo
YO Y EL HUEVO
SINOPSIS:
Este cuento es un relato profundamente poético y conmovedor que mezcla el horror de la guerra con la fuerza salvadora del amor. A través de las voces de Teresa y Davide, se construye una atmósfera lírica en medio de la destrucción, donde la música, los recuerdos y el arte se convierten en refugios emocionales. La narración destaca por su lenguaje simbólico y metafórico, que transforma el dolor en belleza sin negar la crudeza del contexto. La relación entre los protagonistas da sentido a la resistencia, mostrando cómo el amor puede ser un acto de valentía frente al absurdo. Es un cuento breve, pero cargado de profundidad emocional y esperanza.
YO Y EL HUEVO
—Tengo miedo —dijo Teresa, mientras se dejaba abrazar por Davide, un chico delgado y valiente.
—Ven que te abrace. Estoy muy cerca de ti. Verás que pronto todo pasará —dijo, mientras en medio de disparos y destrucción pensaba en cómo proteger a su Teresa de la angustia que experimentaba.
Teresa seguía calzando las mismas sandalias que cuando la sirena de las bombas aéreas los despertó y los obligó a salir corriendo. En la calle nadie prestaba atención a los pantalones de Davide que cada día eran un poco más cortos. Lo importante era sobrevivir para contarlo. El aire cada día estaba más enrarecido, pero pronto ese cielo marrón se volvería azul y un sol cegador ahuyentaría ese color de tierra quemada.
Se habían conocido una tarde de octubre cuando las pistas de baile del pequeño pueblo en el extremo del hemisferio sur se abrieron para anunciar la llegada de la primavera. Estar juntos fue suficiente para hacer nacer la armonía, para transformar el ruido ensordecedor en notas musicales que se convirtieron en pausas después de un largo día, en paradas necesarias para resistir ese viento que movía los cabellos de Teresa y alegraba el rostro de Davide.
—Mi sueño era ser bailarín viajando por el mundo —dijo Davide—, pero ahora el mundo parece girar alrededor de nosotros, que, como obedientes soldados de juguete, esperamos que la sirena del peligro nos encuentre. Las bombas no detendrán nuestro baile. Lo importante es cogerse de la mano y dejar que el ruido se transforme en música. ¿Recuerdas nuestra canción, aquella que escuchamos frente al mar? La música siempre nos ha salvado y esta vez también será así. Nuestros paraguas protegerán lo que somos: lápices de colores y notas musicales. ¿Te he dicho alguna vez que sin ti nunca hubiera podido pintar? Gracias a ti, podrás encontrar una parte de mí en cada uno de mis lienzos. Conmigo no te sentirás como un ruiseñor en una jaula que canta sólo por rabia. ¡Qué extraño es este mundo, mi querida Teresa! Mientras nosotros observamos, otros corren intentando no pisotear a los que se han caído mientras corrían. Resbalan sobre el asfalto, como un huevo en una sartén con aceite hirviendo, al intentar salvarse. Me gustaría que esos aviones, destrozados por los disparos, fueran como un caparazón que albergara una nueva vida en su interior. Admiramos encantados esas luces en el cielo que no son fuegos artificiales, sino restos locos que confunden las trayectorias de pájaros y cometas que caen en un mar de petróleo. Pero tú, Teresa, quédate cerca de mí y verás que el bien siempre gana.
Con estas palabras Davide y Teresa intentaron derrotar el sinsentido de aquellas garras que arañaban el cielo como clavos sobre un lienzo marrón.
—¿Puedes explicarme por qué debemos salvarnos en un mundo que se está desmoronando? —preguntó Teresa de repente. —Porque estamos aquí por algo especial — respondió Davide—. Nuestro amor mutuo no durará solo un día, sino hasta el próximo encuentro que nos llevará de regreso a la noche en que nos conocimos y nos volveremos a enamorar de nuevo cada vez.
Entonces Teresa se detuvo un momento y luego dijo:
—Es muy lindo estar aquí, Davide.

