Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, olio su tela, cm 30×60
EL PESCADOR DE PALABRAS
SINOPSIS:
“El pescador de palabras” es un cuento poético y profundo que explora la memoria, el duelo y la liberación emocional a través de una metáfora acuática poderosa. La figura de Geronimo, paciente y reflexivo, nos invita a sumergirnos en el dolor con serenidad para rescatar palabras que sanan. El relato combina sensibilidad y simbolismo con una prosa delicada que conmueve sin caer en lo sentimental. Su cierre, con la aparición de la esperanza, ofrece una catarsis honesta y necesaria. Una historia breve pero llena de significado y humanidad.
EL PESCADOR DE PALABRAS
Gerónimo se sentó sobre su ballena azul y esperó como lo hace un pescador sabio. Decidió sacar de aquella agua cristalina algunas palabras perdidas que el tiempo extravió en lo más profundo de la memoria. Si todo tiene un principio y un final, hasta su hilo de pescar transparente encontrará el otro final perdido y nunca encontrado de su historia. Cuando nacemos nos dan una libreta y un bolígrafo para anotar nuestras experiencias, por eso también hoy Gerónimo llenará una página.
Lleva consigo su rudimentaria caña de pescar, construida entre las espesas orillas de un río, hace apenas unos meses. Había salido a caminar y, tras cruzar los pastos perennes que bordeaban el largo arroyo, se sentó pacientemente a construir su caña.
Después de haber unido los vacíos sólidos y ligeros en una larga línea transparente, se abandonó al calor del sol que brillaba en el cielo despejado, libre de cualquier nube gris amenazante.
Hoy, acompañado de una agradable brisa primaveral, observa las lentas subidas y bajadas de un hilo que empuja hacia abajo, como lo hace una bomba de extracción en busca de oro negro. Lento e imperceptible subir y bajar de un cebo arrastrado por las olas mientras choca contra peces, medusas y pulpos. Volvió a desenterrar aquellas palabras que arrojó al agua hace algún tiempo.
Cuántas veces quiso traer a su Élide con él, pero ella decidió dejarlo, sin muchas explicaciones, justo cuando él empezaba a no sentirse solo. Intentó comprender, pero al final aceptó su decisión, sin compartirla.
¿Es quizás perdonar el dejar que la persona que más amas se vaya sin hacerle reproche alguno? ¿Perdonar es saber esperar sólo dieciocho segundos antes de salir corriendo a buscarla? Ninguna respuesta, sólo una cabeza de pelo enredado que la luneta trasera de un taxi arrancó para siempre. Y así, con la certeza de que Élide no volvería a aparecer, corrió a enterrar el perdón. Lo escondió entre olas que arrastran el rostro de Élide y convierten a dos amantes en perfectos desconocidos.
Sólo un suspiro y la segunda palabra perdida emergió del agua: arrepentimiento. Gerónimo sabe que cambiar los acontecimientos es imposible y lo que no se dice implosiona como una olla a presión. Por eso hoy es capaz de decir lo que realmente siente con valentía y mucha humildad:
Querida Élide, entraste en mi vida diaria para cambiarme, no para adaptarme a mis días y por eso no me arrepiento de tu ausencia. No me arrepiento de tus insultos, de tu maldad y de tu superficialidad, no me arrepiento cuando me dejaste esperándote toda la noche en la calle, no me duele que no me invitaras a tu cumpleaños y me dijeras solo era una cena con amigas. No me arrepiento de tus insultos delante de los demás y luego de tus disculpas en privado. Hoy de lo único que me arrepiento es de no haberme arrepentido por haberte perdido. Quizás podríamos haber construido algo juntos, pero se necesitan dos para hacerlo. Decidiste rendirte y hoy lo acepto sin lugar a duda.
Finalmente, llegó la palabra esperanza y no para borrar las anteriores, sino para devolverle valor a algo que es necesario cambiar. Gerónimo entendió que, cuando las palabras ya no tienen fuerza para herirte, pero emergen del agua solo para liberarte, hay que alegrarse. Dócil sobre su ballena azul, tomó su cuaderno en la mano y escribió la fecha de hoy, donde podrá contar esta aventura.

