Massimo Maria Carpinteri, 2023-24, olio su tela, cm 60×60
EL VIENTO, SI SE VE
SINOPSIS:
Este cuento es una delicada alegoría sobre la conexión entre el ser humano y la naturaleza, donde el viento se convierte en el canal de una sinfonía universal. La protagonista, Agnese, encuentra en los sonidos cotidianos una armonía perdida que despierta gratitud, sensibilidad y creatividad. La narración mezcla poesía, música y esperanza en un lenguaje evocador, casi onírico. Es una llamada a reconectar con lo esencial, a través de la belleza simple del mundo. Un relato inspirador que invita a la contemplación y a la reconciliación con la vida.
EL VIENTO, SI SE VE
Esta mañana Agnes ha abierto las ventanas de su casa. Ha bajado a la cocina y, mientras removía la leche, ha escuchado los primeros sonidos. Ha oído los golpes de la cucharilla, que golpeaban los bordes de la taza, como lo hacen las baquetas sobre los platillos de una batería. Poco después ha percibido el ligero susurro de la leche corriendo por su garganta y el sonido crujiente del pan recién partido. El ritmo ha aumentado y el tono seco y formal que lo rodeaba se ha convertido en música. Agnes se ha entusiasmado y ha corrido hacia el patio para encontrar esa melodía innata, que el ruido del mundo había adormecido.
Inmediatamente, se ha transformado en directora y ha dirigido a sus músicos, llenos de alegría, quienes han comenzado a vibrar ante su señal. Hoy quiere que los acordes sean perfectos y entre xilófonos, hojas sinuosas y festoneadas y flores de geranio, encuentra la manera de comunicar sus pensamientos al viento, que no se ve, pero se escucha, como un bemol, que reduce la distancia entre las notas.
Está agradecida por haber encontrado el tiempo perdido y haber hecho aflorar sentimientos de gratitud hacia un mundo que la creó. Sus fieles perros, Blanca y Pepe, quieren presenciar el espectáculo y evitar cualquier interferencia. Si llega el zumbido de los mosquitos, bastarán tres aullidos, si llegan las molestas moscas, será necesario un ladrido hasta la pared de la casa y, si los gatos maúllan, se escuchará un gruñido feroz. El cielo se vestirá de azul y todo estará listo. El concierto comenzará cuando las manos de Agnes luchen por encontrar las notas a lo largo del sendero celestial. La partitura cambiará de rumbo según el viento. Si es Tramontana soplará un viento muy frío con ritmo seco y notas serenas; si es Levante soplará viento del este con acordes cálidos de verano; si se trata del Mediodía, viento del sur, este acallará los instrumentos; y, finalmente, Poniente si el ritmo avanza acompañado del aire fresco que llega del mar. Y si durante el concierto a la directora se le vuelan los zapatos, el pelo o las gafas, no importa porque serán su sonrisa y su corazón abierto los que acompañen las baquetas sobre las teclas de un xilófono que llega hasta lo más alto.
Ya no habrá coordenadas espacio-temporales, ni norte ni sur en el mundo, sino sólo sonidos. Un pueblo entero bailará llevado por el mismo viento y la misma música alegre. No habrá barreras ni fronteras porque ya no es tiempo de peleas, sino de reconciliaciones que traerán flores a las tierras áridas y un amor que no conoce el miedo.

