ID, EGO Y SUPEREGO
Antiguamente existían tres hermanos gemelos que vivían en una cueva, donde nunca faltaban avituallamiento y calor para aguantar los inviernos más fríos. Sus nombres eran: Id, Ego y Superego.
Cuando la noche llegaba, tenían la costumbre de sentarse alrededor de un fuego, hablar de lo que les hubiera gustado ser en el futuro y desde ese momento cadauno cerraba los ojos y soñaba con las trampas del destino. A medida que uno de los hermanos hablaba, los demás se quedaban aturdidos por lo que contaba este y, puesto que nadie quería interrumpir, esperaban hasta que el gemelo llegara al final de su historia. Desde entonces, como las flechas de un arco, se lanzaban a preguntarle el porqué de su cuento. Al recibir las respuestas del narrador, los hermanos cambiaban la historia añadiendo nuevos detalles o dando sus puntos de vista para que cada historia tuviera un final distinto.
Todo tomó forma diferente cuando una noche alrededor del fuego Superego dijo que su vida sería mejor que la de sus hermanos. Él defendió que su mente nunca hubiera tenido que encontrar una respuesta a las dificultades de la vida porque las leyes y las normas le habrían dejado ver el camino más sencillo para salir de las adversidades. Por eso, al hacerse mayor, le gustaría ser abogado o juez para aprovechar de las palabras que otros habían escrito para solventar cualquier lidia o desorden en el mundo. El efecto de las palabras de Superego sorprendieron tanto a Ego e Id que decidieron añadir y desplegar su teoría sobre el futuro.
Id empezó diciendo que nada tiene más valor que una vida llena de afectos, de una familia tierna y comprensiva que te guía y te acompaña cuando te sientes triste y decaído. Asimismo pensó que llevar dentro la inocencia de los niños, hasta el último día de la vida, era lo que más le hubiera gustado alcanzar. En vista de esto se prometió a si mismo que nunca se olvidaría de regalar una rosa a la mujer que estuviera a su lado. Además, cada mañana los objetivos a alcanzar habrían sido reír y compartir, olvidándose de la vergüenza, del miedo y de los prejuicios que cambian mentes y congelan corazones.
Aún no había terminado de desenmarañar los hilos de su cuento, cuando intervino Ego diciendo en voz alta y clara: “Nada de lo expuesto aquí significa que los dos no tengáis razón, pero lo cierto es que solo en la armonía y en el equilibrio de los dos está enraizada la verdadera forma de vivir con plenitud la vida. En cuanto a Superego, estoy de acuerdo con lo que dice porque el orden y la educación nos llevan a distinguirnos de los animales, ya que el razonamiento nos impide matarnos los unos a los otros. Todavía cabe señalar que la esencia de la ingenuidad y fantasía nos deja vacíos y tristemente aburridos. Por lo tanto, creo que en cada día hay que repartir una dosis de Id y una de Superego, dejando que los dos tengan la misma trascendencia, aunque haya momentos en los que uno sobrepase al otro sin quitarle su importancia y tampoco su valor.

